
La hermosa Catedral de San Esteban es uno de los edificios más importantes de la capital Austriaca. Su imponente estructura, que marca el corazón de Viena, se hace notar frente a los edificios cercanos y es posible ver sus torres desde muchos puntos de la ciudad.
Los inicios de esta catedral se remontan al siglo IV cuando se construyó la primera iglesia, aunque las partes más antiguas que se pueden ver hoy son las torres de la fachada principal construidas en el siglo XIII.
La más notable de las ampliaciones, en la cual se construyó gran parte de lo que actualmente podemos ver, fue en el año 1304, por mandato del entonces Rey Alberto I. Su nieto tomo el relevo de su abuelo y ordeno otras notable ampliación, que doto a la catedral de su tamaño actual. Las obras se prolongaron durante los siglos XIV y XV y fue en el año 1469 cuando la iglesia fue consagrada catedral.

El punto más llamativo del exterior de la catedral es su fachada principal, flanqueada por dos torres. Entre esas dos torres se encuentra la entrada principal de la catedral llamada “Riesentor” o Puerta de los Gigantes, formada por un enorme arco apuntado. En la parte posterior de la puerta se alza un enorme ventanal que sin duda llama mucho la atención.
El elemento que dota a esta gran catedral de su majestuoso aspecto es la torre sur, llamada Steffl. Este enorme campanario de estilo gótico alcanza la no despreciable altura de 137 metros y es la torre más alta de Viena. Una larga escalera de caracol asciende desde la sacristía hacia la parte alta de la torre. Desde aquí las vistas de la ciudad son más que impresionantes.
Igual de impresionantes son las vistas que se obtienen del techo de la catedral, formado por un estudiado mosaico hecho con unas 250.000 piezas de azulejo colocadas minuciosamente. Entre las figuras que se pueden ver, destaca el de un águila de dos cabezas, símbolo Sacro del imperio Romano y los escudos de armas de Viena y Austria.

El interior es igual de impresionante que su exterior. La nave de la Catedral de San esteban alcanza los 108 metros de largo lo que hace que su gran bóveda de 27 metros de altura resulte aún más asombrosa.
Una vez dentro, lo primero que llama la atención a los visitantes es el pulpito gótico de piedra, tallada por el cantero Anton Pilgram, maestro de obras de la catedral.

Aunque la catedral es en su gran mayoría de estilo gótico, el altar es de estilo barroco. El altar de mármol y piedra está adornado con ocho estatuas pertenecientes a cuatro santos y obispos. La pintura central muestra escenas del martirio de San Esteban.
Otro lugar a tener en cuenta son las catacumbas, a las que se accede por unas escaleras en el crucero norte. En ellas se encuentran los restos de miles de ciudadanos de Viena y los restos de los primeros gobernantes de la dinastía Hamburgo antes de que fueran enterrados en el Kaisergruft (Cripta imperial), debajo de La Iglesia de los Capuchinos en la plaza Neuen Markt, próxima al Palacio Imperial de Hofburg.
Fotos | Sangre en el hombro de Palas, Maldita la hora y Rafa